En el mundo prehispánico los pueblos concebían a la enfermedad como producto de la acción de los seres que habitan los pisos celestes y el inframundo y que a través de los elementos de la plataforma: el viento, agua, sol, tierra, animales, etc., daba como consecuencia un desequilibrio en el cuerpo del hombre.
La enfermedad era producto de este desequilibrio corporal que se mantenía gracias a la dualidad entre los elementos vitales, el calor y el frío; la luz y la oscuridad; lo seco y lo húmedo; arriba y abajo; en este caso la medicina se ocupaba en esta cosmovisión de ayudar al enfermo a recuperar ese equilibrio que había perdido.
Las plantas medicinales fueron unos de los principales recursos con el que los habitantes de Mesoamérica se auxiliaban para encontrar la cura a sus enfermedades.
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